Antes de las luces del ring, hubo un niño empujando un carrito por las calles de Guadalajara.
Canelo Álvarez creció en una familia con recursos limitados, y desde chico tuvo que sumar su esfuerzo al negocio familiar: vender helados y paletas puerta a puerta.

Su primer día no fue el que soñaba. Caminó, ofreció, insistió… y volvió a casa con el carrito intacto, sin haber vendido una sola paleta. Ni un peso para ayudar en su hogar ese día.

Hoy, cuando lo ves alzar cinturones y llenar estadios, vale la pena recordar esa imagen: un niño que no se rindió después de un mal día. Esa misma tenacidad que no vendió helados de niño es la que lo llevó a conquistar el mundo del boxeo
