Anya Taylor-Joy tiene unos ojos enormes, separados, imposibles de ignorar en cualquier pantalla. Hoy son parte de lo que la hace única. Pero en la escuela, esos mismos ojos fueron el motivo por el que sus compañeros la llamaban ‘pez’ 🐠
La actriz confesó que ese apodo se le quedó grabado tan hondo que empezó a evitar los espejos. Años enteros sin mirarse de frente, cargando una imagen de sí misma que otros habían construido con crueldad.
Hoy, ya convertida en una de las caras más reconocidas de Hollywood, todavía dice: “Nunca me he considerado bella, y no creo que algún día lo haga”. A veces el reflejo que más cuesta cambiar es el que dejaron las palabras de otros.
