Corría 1979 y Los Ángeles tenía una fiesta en un yate como escenario. Ahí estaba él, con esos brazos que años después romperían taquillas, pero esa noche no tenían nada que hacer contra la mirada de Suzi Lane.

Ni Terminator, ni Rambo, ni ningún personaje de acción lo habían preparado para ese momento. La foto quedó congelada en el tiempo: un Schwarzenegger joven, sin la fama que vendría, con cara de estar completamente perdido por ella.

A veces las fotos viejas dicen más que cualquier biografía. Y esta dice que hasta los futuros héroes de acción también se derriten por alguien.

