Arnold Schwarzenegger y su particular forma de impresionar a sus citas en su casa: les servía huevo con arroz y las sentaba a ver documentales de culturismo

Por Rodrigo Martínez
3 August, 2026

Imagina llegar a una cita esperando una cena con velas y terminar viendo un documental sobre cómo desarrollar los dorsales. Eso era exactamente lo que ofrecía un joven Arnold Schwarzenegger en sus primeros años como fisicoculturista, mucho antes de Hollywood y la política.

Nada de restaurantes ni planes elaborados. Las llevaba directo a su casa, servía su plato de siempre —huevo con arroz, sin lujos ni improvisos— y ponía algún documental sobre culturismo como si fuera la película más romántica del mundo. Para él, cualquier minuto lejos del gimnasio o de su dieta era tiempo perdido en el camino hacia ser el mejor del planeta.

No había vida social que compitiera con esa obsesión. Y viéndolo en retrospectiva, quizás esa disciplina absurda y sin filtros fue justamente lo que terminó construyendo la leyenda.

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