De adolescente, Laetitia Ky se alisaba el pelo. Quería parecerse a las modelos que veía en las revistas, no a las mujeres de su propia historia. 💇🏿♀️

Años después, en Abiyán, Costa de Marfil, empezó a investigar cómo peinaban su cabello las mujeres africanas antes de la colonización. Descubrió que cada trenza, cada forma, cada nudo decía algo: religión, edad, estatus social, tribu. El cabello no era solo estética, era un lenguaje entero que casi se había perdido.

Hoy usa alambre, hilos y sus propias manos para convertir su cabello en esculturas que hablan de acoso, aborto, racismo y feminidad. Lo que antes escondía, ahora lo levanta como bandera. “El pelo era un superpoder y yo lo quería reclamar”, resume su historia. 🖤

