James Fairbanks descubrió que un hombre condenado por abusar sexualmente de menores vivía cerca de una zona donde buscaba mudarse. Se llamaba Mattieo Condoluci, tenía 64 años y acumulaba dos condenas por delitos sexuales contra niños.

Fairbanks aseguró que lo había visto observando a unos menores mientras jugaban y que incluso tenía juegos infantiles en su patio. Convencido de que podía volver a hacer daño, decidió enfrentarlo.
El 14 de mayo de 2020 fue hasta su casa en Omaha, Estados Unidos, y le disparó siete veces, provocándole la muerte. Después envió un correo a los medios confesando el crimen.
Pero la historia dio un giro inesperado: Amanda Henry, la propia hija del fallecido, salió en defensa de Fairbanks.

La mujer denunció que su padre también había abusado sexualmente de ella durante su infancia y confesó que había vivido aterrorizada durante años.
“Asesinar a mi padre fue algo horrible, pero los niños están mucho más seguros ahora”, declaró.
Durante el juicio, Amanda apoyó al asesino de su padre, mientras su hermano se manifestó en contra.

En 2021, Fairbanks recibió una condena de 40 a 70 años de prisión por asesinato en segundo grado y un delito relacionado con el uso de un arma.
El caso dejó una profunda controversia: un hombre condenado por tomarse la justicia por su cuenta y una hija que, lejos de odiarlo, pidió que no fuera enviado a prisión.
