Adriana Lima tenía 42 años cuando el mundo decidió opinar sobre su cara.

Era 2023 y acababa de tener a su tercer hijo. En redes sociales empezaron a compararla con la Adriana de las pasarelas de Victoria’s Secret, la de los años sin arrugas ni ojeras, y muchos usuarios no tuvieron piedad: dijeron que se veía “irreconocible”. Ella no se defendió con enojo. Respondió con una frase que resumía su vida entera: “El rostro cansado de la madre de una adolescente, dos preadolescentes, un niño de un año que está aprendiendo a caminar y tres perros. Gracias por su preocupación”.
Tres años pasaron. Y en la Closing Party de la Fashion Week de Madrid, a sus 45 años, Adriana volvió a aparecer, ahora con una figura atlética que le devolvió a muchos el recuerdo exacto de sus años como ángel. Nadie mencionó el cansancio esta vez. Solo quedó la prueba de que un cuerpo puede contar muchas historias distintas, y todas merecen respeto.


