Kalina no nació con ese físico: lleva más de 20 años entrenando fuerza y levantando pesas varias veces por semana.
Desde alrededor del año 2000, la princesa de Bulgaria convirtió el ejercicio en una parte central de su vida. Empezó a entrenar junto a su marido, Kitín Muñoz, y con los años sumó trabajo de fuerza, carreras, esquí, equitación, kitesurf y largas caminatas por la montaña.
Su rutina actual está bastante lejos de un entrenamiento ligero. Ella misma ha contado que trabaja con cargas pesadas cuatro días a la semana, hace varias series por ejercicio y puede mover decenas de kilos en espalda, hombros y brazos.

Kalina también ha explicado que no lo hace solo por estética. Dice que entrenar es parte de su bienestar y que, si deja de hacerlo, no se siente igual. Su preparación ha llegado a ser comparada con la de una culturista por la intensidad y constancia que mantiene.
Cuando sus brazos musculados se volvieron virales, muchos se sorprendieron por lo distinta que se veía respecto a sus fotos de juventud. Pero detrás de ese cambio no hubo algo repentino: fue el resultado de años y años de entrenamiento.
Su antes y después llama la atención, sí, pero lo más impresionante es que ese físico se construyó durante más de dos décadas.
