Ayshea Gunn tenía 27 años, un título en criminología y psicología y un curso de prevención de corrupción en su currículum. Entró a trabajar como funcionaria en prácticas en la prisión de Berwyn, en Wrexham, Gales.

Entre julio y noviembre de 2018 mantuvo una relación con Khuram Razaq, de 29 años, un recluso que cumplía 12 años por conspiración para robar. Hubo numerosas llamadas, algunas sexualmente explícitas. En su dormitorio la policía encontró fotos de ambos besándose y abrazándose, algunas tomadas con un móvil dentro de la celda de él. Según el tribunal, Gunn también le coló ropa interior escondida en su sujetador y le envió capturas de chats de WhatsApp de otros funcionarios sobre presos, incluidas tácticas de registro. El fiscal Simon Mills lo describió como “un acto de traición”.

La condenaron a 12 meses de cárcel por mala conducta en cargo público. Quien debía vigilar el sistema terminó dentro de él.

