Sonja Redding conoce de memoria las miradas de los desconocidos.
Volvía a casa en un vuelo de Delta junto a su hijo Xayvior, después de un viaje de investigación médica. El niño tiene acidemia metilmalónica y además fue diagnosticado con trastorno del espectro autista. Los cambios rápidos le cuestan, y ella suele prepararse para los comentarios groseros de otros viajeros.
En pleno vuelo, el humor de Xayvior cambió: empezó a quejarse y a gritar. A pocas filas, la auxiliar Amanda Amburgy lo notó y no esperó a que nadie le pidiera ayuda. Primero ofreció auriculares para que pudiera ver películas y escuchar música. No funcionaron. Entonces le propuso mostrarle el avión. Sonja la previno de que el niño podía ponerse agresivo. Amanda contestó que no le importaba, lo tomó en brazos y lo llevó a dar un paseo por el pasillo.
Xayvior respondió increíblemente bien. Y Sonja escribió en redes: “Fue nuestra heroína en el vuelo de regreso a casa… no nos miró fijamente ni nos juzgó”.
