Barley, una golden retriever de 7 años, perdió la chispa y la alegría por la medicación contra la epilepsia: su familia pensó que sería su nueva normalidad, hasta que un patito de 4 días llamado Louie llegó a casa “solo por un fin de semana” y nunca se fue

Por Rodrigo Martínez
8 October, 2026

Barley tenía 7 años cuando las convulsiones la llevaron al veterinario. El diagnóstico fue epilepsia, y la medicación que le recetaron detuvo las crisis, pero se llevó algo más: la perra dormía casi todo el día y ya no tenía la energía de antes.

En su casa de Brookhaven, en Nueva York, la familia Cannarelli llegó a pensar que esa sería su nueva realidad, porque el tratamiento era de largo plazo. Entonces Justin vio un anuncio de una escuela que buscaba hogar para dos patitos recién nacidos. El plan era acogerlos unos días y luego llevarlos al centro de jardinería que administra la familia. Uno murió esa primera noche. El otro, Louie, un pato Pekin de apenas 4 días de vida, se quedó.

Cuando Barley asomó el hocico al corral de Louie, el interés fue mutuo. En pocas semanas eran inseparables. Cada mañana ella va a verlo, juegan, ruedan por el suelo y comparten tomate, guisantes y pepino. Según contó Tori Cannarelli al Washington Post, Barley volvió a mover la cola y a mostrar su personalidad de siempre.

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