
Zhuang Zhuang tenía apenas unas horas de nacido cuando su propia madre lo pisoteó.
Fue en la Reserva de Vida Silvestre Shendiaoshan, en Rongcheng, China. Los veterinarios pensaron que había sido un accidente y lo devolvieron con ella. La madre volvió a atacarlo. Ahí el personal entendió que no podía arriesgarse otra vez y decidió separarlos para siempre.
Las fotos que circularon después mostraban al pequeño elefante con los ojos enrojecidos y lágrimas cayendo por su rostro, envuelto en una manta mientras un cuidador intentaba calmarlo. Un empleado del zoológico contó que el ternero lloró durante cinco horas seguidas antes de dejarse consolar.


Mientras tanto, su madre dejó de comer, como si también cargara con el peso de lo ocurrido. Zhuang Zhuang quedó bajo el cuidado permanente del personal, que lo acompañó día y noche hasta que empezó a mejorar.

