Cuando Paisley Morrison-Johnson nació, su lengua era tan grande como la de un adulto que le impedía respirar y comer con normalidad. Durante meses tuvo que alimentarse mediante una sonda y sus padres llegaron a temer por su vida.

La primera operación no funcionó: el tejido volvió a crecer. Pero en una segunda intervención, los médicos tuvieron que retirar 15 centímetros de tejido para reducir el tamaño de su lengua.

El cambio fue enorme. A sus 16 meses, Paisley finalmente puede comer por sí misma y sonreír sin las dificultades que tenía antes. “Nunca pensé que me fuera a impactar lo bonita que es mi hija al sonreír”, contó su madre.

Ahora, mientras continúa bajo controles médicos por el síndrome de Beckwith-Wiedemann, Paisley está concentrada en algo que hasta hace poco parecía imposible: sonreír, comer y practicar para decir sus primeras palabras. ❤️
