Bill Murray lo dijo con esa mezcla de humor y filosofía que lo caracteriza: “Desconfío de la gente a la que no le gustan los perros, pero confío en un perro cuando no le gusta una persona”.

No es solo una broma de actor excéntrico. Es una idea que muchos amantes de los animales conocen bien: los perros perciben algo que nosotros no vemos a simple vista. Leen el lenguaje corporal, el tono de voz, la energía que despide alguien, mucho antes de que esa persona diga una sola palabra falsa.

Por eso la frase de Murray resuena tanto. Le da la vuelta al juicio humano y lo pone en manos de quien, según él, nunca miente: un perro moviendo la cola o gruñendo bajito ante un desconocido. Tal vez la próxima vez que tu mascota no se acerque a alguien, valga la pena prestarle atención.
