

En 2018, mientras drenaban un estanque artificial en las montañas Chiricahua de Arizona, la pasante Alina Downer y su equipo de la Estación de Investigación del Suroeste del Museo Americano de Historia Natural se topraron con algo que no esperaban encontrar entre el lodo.
Medía 25,7 centimetros: más largo que una banana y más ancho que una lata de soda. Su cabeza tenía el tamaño de la de una rana toro adulta, pero conservaba la boca y la forma de un renacuajo. Lo llamaron Goliath, y superó por unos 6 centímetros el récord anterior de su especie.

¿Por qué nunca le crecieron patas? El biólogo David Pfennig sospechó un desequilibrio hormonal: sus hormonas tiroideas, encargadas de activar la metamorfosis, habrían quedado bloqueadas, mientras su cuerpo seguía creciendo sin control. Goliath vivió en la estación hasta 2019, cuando murió sin que se confirmara la causa exacta. Hoy su cuerpo sigue preservado, guardando una respuesta que la ciencia todavía no termina de descifrar.

