
Bittu Tabahi tiene 20 años y todavía no sabe nadar.
Eso no le impidió meterse al río Ajnar, en Biaora, India, un 26 de enero mientras el resto del país festejaba el Día de la República. El agua estaba cubierta de plástico, algas y basura acumulada durante años. Él no tenía guantes, ni botas, ni ningún equipo. Solo tenía la idea de que alguien tenía que empezar.
Al principio lo acompañaban amigos. Uno a uno se fueron quedando atrás, y Bittu siguió solo, semana tras semana, sacando desechos con sus propias manos hasta que le salieron infecciones en la piel. Con el dinero que juntó con sus compañeros —unos 350 dólares— compró herramientas y contenedores, y hasta aprendió a convertir los restos de ofrendas religiosas en compost para que el río no volviera a ensuciarse. A los 20 años, cuando muchos apenas empiezan a decidir qué quieren hacer con su vida, él ya había decidido devolverle algo limpio a su pueblo.
