Gene Cranick vio cómo su casa se convertía en cenizas mientras los bomberos observaban desde la calle.

Vivía cerca del límite entre Tennessee y Kentucky, en South Fulton, y ese año no había pagado los 75 dólares que la ciudad cobra a quienes están fuera de sus límites para cubrir el servicio contra incendios. Cuando el fuego se propagó y amenazó la casa del vecino, los bomberos sí actuaron: esa familia había pagado la cuota. La de Cranick quedó reducida a escombros.

Su hijo Timothy no pudo contener la rabia y terminó golpeando al jefe de bomberos en la cara, un episodio que le costó una acusación por agresión agravada. Lo más incómodo del caso es que meses antes, cuando el fuego fue en la propia chimenea de Timothy, los bomberos sí habían acudido sin cobrar nada por adelantado. Gene, sin embargo, dijo no guardarles rencor: “Ellos solo cumplían órdenes”, declaró. El gerente municipal confirmó que la política existe y se aplica así, sin excepciones para quien no está suscrito.

