A los 16 años, Gabriela limpiaba las habitaciones de un cabaret sin ver a un solo cliente.
Hoy tiene 40, es profesora de teatro, titiritera y trabajadora sexual especializada en personas con discapacidad. Cuenta que su camino cambió a los 25, cuando apareció un anuncio que buscaba “hombres sensibles”. Desde entonces repasa su trayectoria y, según su relato a Infobae, se dedica a acompañar a quienes casi nunca son mirados como personas con deseo.

Sus encuentros ocurren en su propia casa, un lugar que eligió con cuidado por sus condiciones de accesibilidad. Desde ahí intenta derribar la infantilización y repensar el trabajo sexual desde el consentimiento y la accesibilidad. Su explicación es simple: “Estoy ejerciendo algo que yo elijo”. Y lo resume en una frase: “Me encanta mi trabajo”.

En la charla también habla de su propia infancia: a los 8 años miraba contenido erótico a escondidas, con sus padres durmiendo, y cuenta que esa fue su particular educación sexual. ¿Qué cambiaría si habláramos de la sexualidad de las personas con discapacidad con la misma naturalidad?

