Rajee Narinesingh solo quería un rostro más femenino y no tenía dinero para un cirujano con licencia.
Por recomendación de gente de su comunidad, llegó a Oneal Ron Morris, una mujer que operaba sin permiso en casas y apartamentos del sur de Florida. Las inyecciones costaban una fracción de lo que cobra un especialista, y Rajee pensó que por fin lograría la imagen que soñaba sin gastar una fortuna.

Según los investigadores, la mezcla que usaba Morris incluía cemento, aceite mineral y Fix-a-Flat, el aerosol que se emplea para reparar neumáticos pinchados. Los puntos de inyección los sellaba con Super Glue.

Años después, el rostro de Rajee seguía deformado: mejillas con bultos, mentón alterado y el labio hinchado. Un cirujano de Coral Gables explicó que corregirlo costaría miles de dólares, frente a los 200 o 300 que costó la inyección.

Posteriormente realizaron los procedimientos para retirar parte del material endurecido de su rostro. En una de las intervenciones llegaron a extraer una masa de cemento del tamaño aproximado de una pelota de golf.

El caso de Rajee se convirtió en una advertencia sobre los procedimientos estéticos clandestinos y las consecuencias que pueden tener cuando son realizados por personas sin licencia y con sustancias no destinadas para ser inyectadas en el cuerpo.

