Una vecina caminaba por una calle de Santiago del Estero cuando algo la hizo detenerse.

Era un movimiento extraño y unos gemidos muy leves que salían de un canasto de basura. Dentro, en una bolsa plástica bien atada, había un perro con vida. Estaba debilitado, asustado y con signos severos de deshidratación, acurrucado en el fondo.

Ella no lo pensó: rompió la bolsa para que pudiera volver a respirar y avisó enseguida a proteccionistas de animales y a vecinos de la zona. En cuestión de minutos se armó una cadena de ayuda para darle contención y trasladarlo.

Diario Uno cuenta que el caso generó indignación, pero también una red solidaria. Tú, ¿habrías oído ese gemido?
