

Canelo llegó solo.
Nadie sabe cuánto tiempo vagó por las calles de Celaya, Guanajuato, antes de que sus patas lo llevaran hasta la puerta del Cecyteg de Rincón de Tamayo. Buscaba comida, nada más. Pero los alumnos y maestros del plantel vieron algo distinto en ese chihuahua café y flaco: decidieron quedárselo.
Eso fue hace casi dos años. Desde entonces Canelo tiene plato, techo y 250 hermanos mayores que lo cuidan como si fuera parte del cuerpo estudiantil. Una alumna incluso le abrió una cuenta de Facebook para contar su historia, y cuando desapareció por un par de días, toda la escuela salió a buscarlo hasta traerlo de vuelta.
Cuando llegó el día de la graduación, el director José Ricardo Elguera no dudó: profesores y personal juntaron dinero para hacerle una toga y un birrete a su medida. Canelo desfiló entre los egresados como uno más, y se quedó donde siempre quiso quedarse: en casa, pues la escuela ahora es su hogar y trabajo permanente.


