Carlos Espí tiene 21 años y acaba de firmar con el Real Madrid hasta 2031. Pero esta historia no empieza en Valdebebas, empieza tres meses antes, en una grada del Ciutat de València.
Espí acababa de marcar el gol que salvó al Levante del descenso y, en lugar de correr hacia sus compañeros, subió las escaleras hasta encontrar a María y Conchín, sus abuelas.

Tuvo que insistirles para que fueran ese día. Y cuando las abrazó, pidió que alguien les tomara una foto: él en el medio, ellas a cada lado, con el estadio de fondo.

El delantero contaba entre risas que sus abuelas sufren más por las patadas que recibe que por los resultados del equipo, y que María es capaz de recordarle una ocasión fallada incluso después de haber marcado.
Ahora que el Real Madrid pagó 25 millones de euros por su cláusula, esas dos mujeres siguen siendo, para él, la única grada que realmente importa.
