Monty tenía 10 años, cáncer y ya no podía caminar. Pero le quedaba una montaña pendiente.

Carlos Fresco no se resignó a que su labradoodle se despidiera del mundo desde un sofá. Encontró una carretilla vieja en el jardín de un amigo, en Brecon, Gales, y empujó a Monty cuesta arriba hasta la cima del monte Pen y Fan, ese pico que tantas veces habían subido juntos cuando las piernas de Monty todavía respondían.

En el camino, excursionistas desconocidos se sumaron a empujar sin preguntar demasiado: bastaba con mirar al perro para entender la escena. Monty murió en casa 21 días después, el 21 de junio de 2021, pero antes tuvo su última vista desde arriba.

