Guillermo Uzcanga no espera que nadie le pague. En su taller de Maracay, Venezuela, este carpintero ha regalado cerca un total de 336 ataúdes a familias que quedaron destrozadas tras los terremotos que ya suman 4.490 muertos, 16.740 heridos y 6.462 rescatados.
Con un equipo de voluntarios, Uzcanga puede armar hasta 40 ataúdes por día, pero solo si la electricidad no falla, algo que en Venezuela no está garantizado ni siquiera en medio de una tragedia nacional. Cada mueble que sale de su taller es gratuito para quien lo necesita, mientras el país entero cuenta a sus muertos.
Ahora pide algo simple: donaciones de madera y materiales para seguir fabricando. Nadie debería tener que rogar por tablas para enterrar a sus muertos mientras las cifras oficiales sigan subiendo. Uzcanga lo hace porque alguien tiene que hacerlo — la pregunta es por qué tiene que ser él.
