El 22 de septiembre de 2025, Carrie Cariello estaba en su casa de New Hampshire cuando le llegó un mensaje de su hijo Jack, de 21 años y autismo nivel 1. Decía:


“¿Tomaste Tylenol mientras estabas embarazada de mí?’. Pocas preguntas pueden pesar tanto en tan pocas palabras.
El detonante fue el anuncio del gobierno de Trump y RFK Jr. sobre una nueva recomendación de la FDA que vinculaba el acetaminofén en el embarazo con el autismo y Jack lo había visto.
Carrie, que ha escrito libros y un blog entero sobre lo que significa amar a un hijo con autismo, al que el mundo no siempre entiende, se encontró de pronto respondiendo una pregunta que no tenía respuesta clara: la ciencia, de hecho, no ha confirmado ningún vínculo causal.


Organismos como Johns Hopkins y la Universidad de Yale lo han revisado y no encontraron evidencia concluyente.
Pero la ciencia no siempre llega antes que la culpa. Y Carrie sabe bien lo que es cargar con esa culpa sin que nadie te la quite.
Lo que hace extraordinaria esta historia no es la polémica política ni la pregunta médica. Es que un hijo adulto, con autismo y una vida completamente funcional, que vive en un programa residencial con apoyo, pensó en su mamá cuando quiso entender el mundo y de porqué él es así.
