Libby Henry tenía 18 años cuando conoció a Ted House en una clase de historia en la Universidad de Kentucky. Él le recordaba a un muñeco Ken. Ella, que había crecido con pocos recursos en Louisville, solo quería construir la familia que nunca tuvo.
Se casaron en 1993 y por un tiempo todo fue viajes a Costa Rica, una casa de casi un millón de dólares y la vida con la que había soñado desde la secundaria. Pero detrás de esa fachada, Ted ocultaba un fraude hipotecario que lo llevaría a prisión y falsificaba la firma de su esposa en documentos que ella jamás vio.

Cuando su matrimonio colapsó, Libby descubrió que su cuenta bancaria tenía solo 11 dólares. Pasó ocho años luchando para limpiar su nombre. Hoy tiene trabajo, escribió un libro sobre lo que vivió y encontró en otras mujeres una comunidad que la ayudó a sanar.
