
En 1969, el último caballo de Przewalski libre desapareció en el desierto del Gobi. La especie quedó reducida a 12 individuos en zoológicos europeos — el margen más estrecho entre la extinción y la continuidad. Hoy, en el sector ucraniano de la zona de exclusión de Chernóbil, viven más de 150 ejemplares.
Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B documentó algo difícil de procesar: las cámaras trampa capturaron a estos animales más de 1.000 veces dentro de la zona radiactiva y cero veces en los sectores exteriores sin restricción. La ecóloga Svitlana Kudrenko, de la Universidad Albert Ludwig de Friburgo, fue más lejos: la diversidad de especies dentro de la CEZ supera a la de reservas naturales con protección estricta. El factor determinante no es la tolerancia a la radiación. Es la ausencia de personas.
El caballo de Przewalski no es un pariente lejano del caballo doméstico — es otra cosa. Posee 33 pares de cromosomas frente a los 32 del équido domesticado, una diferencia genética que confirma una línea evolutiva completamente separada. Entre 1998 y 2004 se reintrodujeron entre 31 y 36 ejemplares en la zona. Los incendios de 2020 y 2021 regeneraron la vegetación y aceleraron su expansión. Lo que la humanidad declaró inhabitable resultó ser, para ellos, el lugar más seguro del mundo.
