Francisco Sepúlveda, un chileno de 27 años, vive una pesadilla en Brasil luego de ser detenido el pasado 25 de febrero.

Durante el partido entre Bahía y O’Higgins por Copa Libertadores, las cámaras del estadio Arena Fonte Nova lo captaron haciendo gestos de mono hacia los jugadores locales. Lo que empezó como unas vacaciones con amigos terminó en prisión preventiva por el delito de racismo, una falta que la justicia brasileña castiga con mucha severidad.

“Mi hijo cometió un error, pero no le ha hecho daño a nadie”, afirma su madre, Isabel Vargas, quien organiza rifas y venta de comida para costear la defensa.

Según cuenta, Francisco ni siquiera es hincha del club, solo fue al estadio por coincidencia. Ahora, la familia espera una resolución judicial mientras advierten que “lo cambiaron de lugar por seguridad”.
El joven arriesga una condena efectiva en el extranjero por lo que su madre califica como una simple morisqueta. ¿Se lo merece?

