
Chung Kim, de 75 años, vivía en Dallas junto a los vecinos con los que llevaba años de pleito por algo tan cotidiano como la basura: pañales sucios y desechos de perro que, según él, terminaban lanzados hacia su balcón.
En 2013 esa disputa terminó de la peor forma posible. Kim les disparó y los mató a ambos. Cuando llegó el juicio, se declaró inocente y aseguró que había actuado en defensa propia, pero el jurado escuchó su testimonio y no le creyó una palabra.
La condena llegó más de una década después: cadena perpetua. Hoy el caso se cita como ejemplo de hasta dónde puede escalar un conflicto de vecinos cuando nadie sabe frenarlo a tiempo. ¿Cuántas señales de alerta se ignoraron antes de que fuera demasiado tarde?
