Capa por capa, una impresora biológica fue construyendo algo que hasta hace poco solo podía venir de un donante humano.

En Corea del Sur, un equipo de científicos logró fabricar una córnea viva usando bio-tintas hechas con células reales y materiales biocompatibles. La máquina deposita el tejido con precisión microscópica, y después el resultado se cultiva en laboratorio hasta que gana la resistencia necesaria para funcionar como una córnea de verdad.

El dato que le da peso a este avance es otro: más de 12 millones de personas en el mundo esperan un donante de córnea que quizás nunca llegue. Esta tecnología podría ser la respuesta a esa espera, pero los propios investigadores son claros — todavía faltan estudios clínicos y autorizaciones antes de que alguien pueda recibir una de estas córneas en un quirófano real.

