En la selva de las tierras bajas de Nicaragua había un secreto escondido en las raíces.

El arqueobotánico Kevin Wann y su equipo analizaron el ADN de 47 variedades nativas de palta, 32 de ellas nicaragüenses, y lo compararon con más de 200 linajes ya conocidos. Lo que encontraron no estaba en ningún libro: esas paltas están genéticamente ligadas a poblaciones del sur, en la costa de Colombia, no de México. Hace 5.000 años, alguien cargó esta fruta cientos de kilómetros a través de Centroamérica, y su rastro genético seguía ahí, intacto, esperando a que alguien lo leyera.

El hallazgo llega en un momento crítico. Más del 80% de las 11 millones de toneladas de palta que se producen cada año en el mundo son la variedad Hass, todas clonadas de la misma rama original, sin apenas variación genética. Wann cree que esta diversidad oculta en Nicaragua podría ser justo lo que evite que el aguacate sufra el destino del banano, arrasado por un hongo porque todos los árboles eran, genéticamente, el mismo árbol.

