Poppie Platt escribió una columna en The Telegraph con un título directo, Sydney Sweeney no es una “girl’s girl”. Su argumento, la actriz habría perdido cariño del público femenino por sus decisiones comerciales y por no proyectar suficiente cercanía con otras mujeres.

La respuesta no se hizo esperar, pero no fue la que Platt esperaba. En vez de un debate sobre feminismo y solidaridad, buena parte de los usuarios giró la conversación hacia ella. Empezaron a comentar su aspecto físico, su peso, su atractivo, como si eso explicara por qué había escrito lo que escribió. Nadie puede confirmar que haya envidia detrás del texto de Platt, eso quedó solo como especulación de redes, pero el resultado fue el mismo de siempre, una mujer criticando a otra terminó con una mujer siendo atacada por su cuerpo.

El caso abrió una pregunta incómoda que nadie quiere responder del todo: ¿se puede hablar de sororidad mientras se juzga a alguien por su apariencia? ¿Dónde termina la crítica legítima y dónde empieza exactamente lo que se dice estar combatiendo?


