Una oreja recibió el mordisco de Mike Tyson en 1997. La otra, un disparo de un rifle AR-15 hace apenas un mes. Alguien decidió ponerlas una al lado de la otra y la comparación se volvió inevitable.

La de Evander Holyfield, 30 años después de aquel round histórico, todavía muestra la marca de lo que vivió esa noche en Las Vegas. La de Donald Trump, tras el intento de asesinato en un mitin en Pensilvania, luce lisa, sin rastro visible de la herida.

¿Cicatrización perfecta o algo más? La imagen circula en redes y cada quien saca sus propias conclusiones 🤔

