Du Yingrong y Lu Suying compraban un almuerzo de 17 yuanes, unos 2,50 dólares, y lo dividían en dos platos.

Uno para él, otro para ella. Así vivieron gran parte de su jubilación en Shanghái, sin hijos, con los mismos anteojos reparados durante años y muebles que ya nadie más querría.

En 2018, Du vio un cartel afuera de un hospital pidiendo ayuda para niños con cardiopatías congénitas. No dudó. Primero donaron 500.000 yuanes para 10 niños, y después otros 4,5 millones más.

Una trabajadora del hospital, al ver su casa desgastada, le pidió que se quedara con algo de dinero. Él respondió que ya no les quedaba mucho tiempo, y que con la pensión les bastaba.

Du murió ese mismo año por cáncer, a los 81. Lu falleció en 2025, a los 92. Juntos dejaron 5 millones de yuanes, unos 735.000 dólares, que hoy financian el tratamiento de 455 niños que jamás sabrán sus nombres.
