El pequeño Yağız Bekte nació en Samsun con una extraña condición médica que no le permitía sentir saciedad.

A los 5 años llegó a pesar 90 kilos y dependía de un respirador artificial. Su padre, Sedat, recordaba con tristeza que el niño lloraba al ver a sus amigos jugar: “Antes no podíamos ir a ningún lado, él se ponía muy triste”.

Por fortuna, su vida cambió en 2022 gracias a un costoso tratamiento aprobado por el Ministerio de Salud, inaccesible por su rareza.

Después de un gran esfuerzo, a sus 11 años logró bajar hasta los 40 kilos. “Ahora estoy muy bien, puedo hacer las actividades de mis amigos”, celebra Yağız, quien hoy se divierte en las montañas rusas.

