

Jordan Turpin había salido de su casa solo unas pocas veces en sus 17 años de vida.
La madrugada del 14 de enero de 2018, en Perris, California, trepó por una ventana sin que sus padres lo supieran. Llevaba un celular viejo, desactivado, que ellos no conocían: no servía para casi nada, pero sí para llamar al 911. Según ABC News, le temblaban tanto las manos que apenas podía marcar. Aun así lo hizo. A la operadora le dijo que acababa de escaparse y que sus dos hermanas pequeñas estaban encadenadas.
Dentro de la casa quedaban otros 12 hermanos, de entre 2 y 29 años. Todos desnutridos, viviendo entre la basura, y en condiciones que nadie querría imaginar. Los que ya eran adultos apenas lo parecían, habían crecido en cautiverio y jamás se desarrollaron.

Los agentes llegaron y Jordan les mostró fotos del interior. El capitán Greg Fellows, del Departamento del Alguacil del Condado de Riverside, elogió públicamente su coraje: fue ella, dijo, quien hizo posible el rescate.
La pregunta que muchos se hacen es de dónde sacó fuerzas. Años después, en una entrevista con Diane Sawyer, ella misma lo explicó: si algo le pasaba, al menos habría muerto intentándolo.
Hoy, sus padres cumplen cadena perpetua por una gran cantidad de cargos en su contra, y quedan al menos 20 años para que tengan la posibilidad de pedir libertad.
