
En el fondo del Pacífico, cerca de las Islas Galápagos y las costas de Perú, vive un pez que decidió ignorar el manual básico de su especie: en vez de nadar, camina.
Se llama Ogcocephalus darwini, el pez murciélago de labios rojos, y su nombre es un homenaje directo a Charles Darwin, quien formuló su teoría de la evolución justo en las islas donde este animal habita. Usa sus aletas pectorales y pélvicas como si fueran patitas para desplazarse por el fondo arenoso, entre 3 y 76 metros de profundidad, mientras agita un apéndice en la cabeza —llamado illicium— para atraer camarones, cangrejos y peces pequeños hacia su boca.
Pero lo que lo volvió viral no es cómo camina, sino su boca: unos labios rojos casi fluorescentes que ningún científico ha logrado explicar con certeza. Algunas teorías dicen que le sirven para reconocer a otros de su especie; otras, que son un truco para atraer pareja. Tú decides cuál te convence más.
