Patricio Jonas trabajaba como conserje en un edificio de Chile cuando vio a un desconocido intentando llevarse una bicicleta del condominio. Se interpuso. El ladrón lo tomó por la espalda, lo ahorcó hasta casi dejarlo sin aire y, ya en el piso e inconsciente, le propinó tres golpes en la cara.

“Caí al piso, ahí quedé medio inconsciente y me desmayé”, contó él mismo después de revisar las cámaras de seguridad. El resultado fueron fracturas, bursitis y un trastorno por estrés que lo obligó a tomar licencia médica. Mientras se recuperaba, pidió que reforzaran la seguridad del edificio. La respuesta siempre fue la misma promesa vacía: “vamos a arreglar las cámaras”.

Cuando finalmente regresó a trabajar, casi dos meses después de haber sido casi estrangulado por proteger la propiedad de sus vecinos, la administración lo despidió. Hoy pelea en la justicia por lo que le hicieron, mientras la comunidad del edificio se niega a dar declaraciones porque él decidió demandarlos.

