
Lo encontraron en la selva de Nkó, Guinea Ecuatorial, después de que unos agricultores mataran a su madre.
Era 1966 y ese pequeño gorila tenía algo que nadie había visto antes: pelaje blanco, piel rosada y ojos claros. El primatólogo Jordi Sabater Pi lo llevó al Zoo de Barcelona, donde lo bautizaron Copito de Nieve. Se convirtió en la mayor atracción del zoológico, apareció en postales, carteles y hasta en una novela. Vivió casi 40 años pese a su fotofobia y su mala visión, producto del albinismo.


Tuvo entre 21 y 22 crías con tres hembras distintas — ninguna nació albina. Un estudio genético de 2013 reveló el motivo detrás de su condición: era hijo de un cruce entre tío y sobrina. Murió en 2003 por un cáncer de piel ligado a la falta de pigmentación, y el propio alcalde de Barcelona lo despidió como a un vecino más.

