Este fue el último verano en que un plato de 600 años pudo servirse sin culpa legal.

En Corea del Sur, el bosintang —esa sopa que las familias tomaban en los tres días más calurosos del año, con raíces que se remontan a la dinastía Joseon— tiene los días contados. El gobierno aprobó en enero de 2024 una ley que prohíbe criar, sacrificar, distribuir y vender carne de perro para consumo humano, y desde febrero de 2027 quien la incumpla podrá enfrentar hasta tres años de prisión.

El cambio ya se siente en las calles. El histórico Moran Market, en Seongnam, que por décadas fue el epicentro de esta industria, ahora ofrece estofado de cabra negra en lugar de bosintang. Para mayo de 2026, alrededor del 82% de las granjas de perros registradas en el país ya había cerrado sus puertas, y miles de restaurantes se vieron obligados a reinventar su menú antes de que la tradición desaparezca para siempre.

