Jacqueline Nyetipei Kiplimo corría para ganar.
En el maratón Zheng-Kai, en China, la keniana notó que otra atleta avanzaba con dificultad: no tenía brazos y no podía sostener los vasos de agua en los puestos de avituallamiento. Kiplimo redujo el ritmo y se quedó junto a ella. Kilómetro 10, kilómetro 20, kilómetro 38. Le acercó el agua, le sostuvo el paso, la acompañó cuando nadie la habría culpado por seguir sola hacia el primer lugar.

Esa decisión le costó la ventaja. Cruzó la meta segunda, sin el premio en metálico ni el oro que tenía casi asegurado. Pero lo que perdió en el marcador lo ganó en otro lado: le recordó a todo un país, y ahora al mundo, que hay carreras donde ir en primer lugar no es lo más importante. A veces ganar es simplemente no soltarle la mano a quien corre a tu lado.
