En 2019, una joven china apodada All, que crea contenido erótico en redes sociales, estaba estudiando en Japón y decidió acudir al Comiket 96, una de las convenciones de manga y anime más importantes y que ese año reunió a unas 730.000 personas.

La joven fue hasta allí para mostrar su cosplay y posar frente a las cámaras. Pero lo que comenzó como una sesión de fotos terminó haciéndola llorar.
Los hombres comenzaron a rodearla, hasta que un fotógrafo se agachó frente a ella para tomar una foto en un ángulo en específico. Después otro, otro y otro. En pocos minutos, una fila de hombres comenzó a acercarse cada vez más: querían tomar fotografías desde debajo de su falda.
All intentó poner un límite. Ella dijo varias veces: “Están muy cerca, por favor, aléjense”. Nadie se movió.
La situación llegó a tal punto que miembros del personal tuvieron que abrirse paso entre los fotógrafos para sacarla del lugar. Incluso mientras el staff intervenía, uno de los hombres continuaba agachado intentando fotografiar desde abajo.

All terminó llorando. Después escribió en Twitter que empezaría a tomar clases de boxeo y, si alguna vez volvía a ocurrir algo parecido, patearía a quien intentara fotografiarla de esa manera.
これは私です,何度も言った「近すぎる,離れてください」,でも誰も聞いてくれなかった..スタッフに感謝する,もし今度またこのような事が発生するならば、私はカメラマンのカメラを蹴って…(ボクシングを習っている) https://t.co/L6uFwAG4ZE
— ALL✨コスホリ27日F05 (@All1108allAll) August 12, 2019
Pero el caso de All puso nuevamente sobre la mesa un problema que Japón conoce desde hace décadas.
Existe incluso una palabra asociada al tipo de fotografías tomadas clandestinamente: tōsatsu (盗撮). El término se utiliza para imágenes obtenidas sin consentimiento, incluyendo aquellas tomadas debajo de la ropa de una persona.
Estas fotos se incrementaron en la década del 2000 con la creación de las cámaras portátiles. El problema llegó a ser tan conocido que la mayoría de los teléfonos comercializados hoy en Japón no permiten silenciar el sonido del obturador de la cámara, para que las personas sepan cuándo alguien está tomando una fotografía y así dificultar las capturas furtivas.
Las convenciones de cosplay además presentan un escenario particularmente complejo: fotografiar a una cosplayer que está posando voluntariamente no significa tener permiso para fotografiar cualquier parte de su cuerpo sin su consentimiento ni mucho menos desde cualquier ángulo.
Japón ha endurecido con los años su respuesta frente a la fotografía sexual no consentida y otras formas de voyeurismo, mientras eventos y espacios públicos han implementado medidas para proteger a posibles víctimas, pero aún queda mucho camino por recorrer para que situaciones así no vuelvan a ocurrir.
