

Nadie le preguntó a Peter Mutabazi si estaba listo. Simplemente decidió que ningún niño bajo su techo se sentiría como él se sintió alguna vez.
El primer niño fue Anthony, entonces pensó que siendo soltero no era apto para entrar al sistema. Pero estaba equivocado. Prometió que sería temporal, sería el puente para que los niños encontraran su hogar para siempre, pero algo cambió en el proceso. Los días se transformaron en semanas, luego en meses, hasta que los años pasaron y terminó por adoptar a Anthony. Con ese primer niño entendió el propósito de su vida.
Hoy sigue siendo padre soltero, de acogida y adoptivo, y su casa se transformó en un refugio real: un lugar donde se escucha, se protege y nunca hace falta preguntar si te quieren. Por su hogar han pasado más de 48 niños, y cuatro de ellos ya no son de paso: son su familia para siempre.
Dice que la gente cree que está cambiando vidas ajenas. Él responde algo más simple y más profundo: solo está siendo, por fin, el padre que de niño deseó tener.
