Durante años, una de las preguntas que más escuchó Brooks Ginnan fue tan cruel como directa: “¿Tienes cáncer?”. Era solo un niño y todavía estaba aprendiendo a convivir con un cuerpo que los demás no dejaban de señalar.
Brooks nació con displasia ectodérmica, una condición genética poco frecuente que puede afectar el desarrollo del cabello, los dientes, las uñas y la piel. Desde pequeño supo que su apariencia era distinta, pero fueron las miradas y comentarios ajenos los que terminaron convirtiendo esa diferencia en inseguridad.
Con el tiempo llegó a pensar que la belleza era prácticamente “todo lo que yo no era”. Esa idea le provocó ansiedad y problemas con su imagen corporal, y encontró refugio en la música, la ropa y la posibilidad de construir su propia estética.

Lo curioso es que jamás pensó en convertirse en modelo. Comenzó posando para amigos durante la universidad y terminó trabajando para revistas como Vogue y W, desfilando para diseñadores y apareciendo en videoclips de Sabrina Carpenter, A$AP Rocky y Kesha.
Y hay algo que Brooks tiene claro: no acepta trabajos donde su apariencia sea utilizada para presentarlo como alguien monstruoso o extraño. Para él, estar frente a una cámara significa justamente lo contrario: “Ser modelo significa aceptar cada parte de mi cuerpo que crecí aprendiendo a odiar”.
Hoy, aquello por lo que otros lo hacían sentir fuera de lugar terminó llevándolo a algunos de los espacios donde durante años creyó que nunca encajaría.
