Las cenizas ya estaban en casa. La tarjeta de condolencias, también. Nicci Knight, residente de Newby, Yorkshire del Norte, había recibido hasta un certificado oficial de cremación de su gato Ted mientras seguía de vacaciones en Turquía con su esposo y sus cuatro hijos. Para todos, el caso estaba cerrado.

Cuatro días después de la incineración, Ted entró por la gatera de su propia casa. Así, sin drama. La cuidadora Elise Garbutt, que había sido quien encontró a un gato muerto que se parecía a Ted y organizó todo el proceso, pensó que estaba viendo un fantasma. Knight no creyó nada hasta que la pusieron en una videollamada de FaceTime y lo vio moverse en tiempo real.

El crematorio había incinerado por error a otro gato —probablemente callejero— que físicamente se parecía al suyo. La directora del local donó el costo del servicio, unos 169 dólares, a un refugio felino local en honor al animal sin nombre. Ted, por su parte, retomó su rutina de inmediato: vagando por el vecindario como si nunca hubiera muerto. 🐱

