Cristiano se despide de los mundiales. El niño de la escoba que llegó más lejos que nadie

Por Juan Pablo González
7 July, 2026

En una calle de Madeira, un niño flaco barría la vereda con chancletas rotas. La isla era chica, la casa humilde, el futuro incierto. Nadie que pasara por ahí podía adivinar que ese chico terminaría discutiéndole a la historia quién era el mejor.

Cristiano Ronaldo no nació crack: se fabricó. A fuerza de una obsesión que asustaba, convirtió cada defecto en músculo y cada burla en combustible. Saltó más alto que nadie, corrió más que todos, marcó en seis Mundiales seguidos —el único que lo logró—, ganó cinco Balones de Oro y cinco Champions. Y le regaló a Portugal lo que Portugal jamás había tenido: una Eurocopa, una Liga de Naciones, la sensación de ser gigantes.

Un país pequeño se hizo grande porque un hijo suyo se negó a ser normal.

Anoche, en Dallas, España lo despidió con un gol sobre la hora. Y a los 41 años, el niño de la escoba dijo adiós a los Mundiales por la puerta que más le duele: sin la única copa que le faltaba, la del mundo, esa que persiguió durante veinte años y se le negó hasta el final.

El fútbol es así de injusto con sus reyes: a veces les da todo, menos lo que más quieren.

Pero que la Copa ausente no tape el resto. Nos tocó vivir en la época de Cristiano. Vimos, en vivo, a un hombre desafiar los límites del cuerpo y del tiempo durante dos décadas. Eso no se hereda ni se compra: se agradece.

Gracias por tanto, Cristiano. El niño de la escoba llegó más lejos que nadie. 🇵🇹🐐

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