Aunque no existe una única forma “correcta” de cómo debe verse ahí abajo, cada vez son más las mujeres que se someten a una labioplastia. Una cirugía íntima que busca reducir o modificar el tamaño de los labios de la vulva, principalmente los labios menores. En términos simples, se retira parte del tejido para conseguir que sobresalgan menos, ya sea por lesiones, condiciones intersexuales o molestias físicas como roces, dolor o molestias al caminar, correr, practicar deporte, usar determinada ropa o mantener relaciones sexuales.

Sin embargo, los especialistas están preocupados porque dicen que la razón principal suele ser solo por estética. El cirujano Miguel Fernández Calderón asegura que llegan mujeres jóvenes convencidas de que sus genitales deberían parecerse a las imágenes que ven en internet, donde suele repetirse un mismo ideal: labios pequeños y poco visibles.
Pero aquí está el debate: los labios pueden ser grandes, pequeños, asimétricos, sobresalir de los labios mayores o quedar completamente ocultos, y todas estas apariencias pueden formar parte de una vulva completamente normal.
Además, someterse a esta operación demasiado joven genera todavía más reparos. Los labios continúan desarrollándose durante la pubertad e incluso pueden seguir cambiando hasta la adultez temprana, por lo que la cirugía estética generalmente no se recomienda antes de los 18 años.
Y, aunque en redes pueda parecer una intervención sencilla, cortar una parte de los labios puede provocar sangrado, infecciones, cicatrices e incluso una disminución de la sensibilidad genital. Por eso, antes de intentar “corregir” su apariencia, los especialistas insisten en algo mucho más básico: que unos labios sobresalgan no significa que exista algo malo en ellos.

