John C. McGinley acababa de convertirse en papá de Max, que nació en 1997 con síndrome de Down, cuando se sentó con su agente a hablar de su carrera.

El consejo que recibió buscaba protegerlo: mantener la situación en total privado, porque los estudios de Hollywood podrían dudar en contratarlo si hablaba. John lo miró y le dijo: “Estás despedido”.

Desde entonces llevó a Max a todas partes. Caminaron juntos por alfombras rojas, aparecieron en programas de entrevistas y visitaron sets de filmación, en una época en la que las personas con discapacidades del desarrollo solían mantenerse fuera de la vista pública. Ese amor de padre se transformó en décadas de defensa de la inclusión y de la igualdad de oportunidades.

Una vez, un periodista le preguntó si alguna vez había deseado que su hijo fuera normal. John no dudó: Max era normal, y lo que estaba mal era la pregunta. Hoy Max es un adulto que trabaja y participa en su comunidad, y su padre asegura que nunca lo limitó ni por un solo momento.
