Diez mil dólares en efectivo, envueltos en una bolsa, sacados de un apartamento que el terremoto había convertido en escombros. Eso llevaba entre las manos uno de los cuatro agentes del CICPC cuando los vecinos de las residencias Vallarta, en Playa Grande, La Guaira, lo rodearon y se lo arrebataron.

No eran ladrones comunes. Eran policías enviados a resguardar los bienes de las víctimas del doble sismo del 24 de junio, que ya deja 1.943 muertos, más de 10.500 heridos y cerca de 250 edificios derrumbados. En vez de proteger, decidieron llenarse los bolsillos con el dinero de quienes lo perdieron todo.

El director del CICPC, Douglas Rico, los expulsó de forma “definitiva e irrevocable” y los puso a disposición de la Justicia. Mientras el país cuenta a sus fallecidos, hubo quienes vestían uniforme y decidieron robarle a los escombros.
