Belén caminaba hacia una feria cuando escuchó un llanto que no encajaba con la mañana tranquila de Lomas de Zamora.

Venía de debajo de un auto estacionado frente a una iglesia. Adentro de una bolsa de tela había un recién nacido, y junto a él una nota escrita a mano: se llamaba Jesús, su madre había muerto en el parto, su padre lo había abandonado, y quien lo dejaba ahí no tenía nada más que ofrecerle porque vivía en la calle.

Belén, que tiene una hija de un año, no lo pensó dos veces: lo alzó y le dio el pecho ahí mismo, mientras su amiga Antonella corría a buscar abrigo y los feriantes se acercaban con ropa para el bebé.

Cuando la policía y la ambulancia llegaron, Jesús ya tenía una pequeña multitud cuidándolo.

En el hospital Gandulfo determinaron que no tenía horas de vida sino unos 10 días, un detalle que no coincidía con la nota pero que no cambió nada de lo esencial: un pedido de auxilio escrito por alguien sin nada terminó respondido por una ciudad entera dispuesta a darlo todo.
